CONTEXTO DE INTERVENCIÓN
La República Dominicana es un país fuertemente marcado por la migración, tanto como receptor de inmigrantes, como en calidad de emisor de emigración.
Aunque no existen estadísticas fiables, se calcula que aproximadamente un millón de ciudadanos y ciudadanas dominicanos viven en el extranjero. Y entre 0,5 y dos millones de los residentes en el país han nacido en otros países.
La emigración dominicana tiene dos destinos fundamentales, por un lado, España; por otro –sobre todo- Estados Unidos, donde las políticas permisivas de los años 70 y 80 del pasado siglo permitieron el establecimiento de grandes colonias en áreas y ciudades concretas, como Nueva York.
En cuanto a la inmigración, la inmensa mayoría es haitiana. Se trata de un proceso consolidado desde hace casi 100 años, que tiene su origen en la necesidad de mano de obra de los grandes ingenios azucareros; a esta inmigración económica hay que unirle una inmigración política debido a la inestabilidad del vecino país.
Hoy día, con la industria azucarera en retroceso, la inmigración se dirige indistintamente a áreas rurales y urbanas, encontrando acomodo en sectores tales como la industria turística, la construcción, el servicio doméstico o el comercio informal.
El índice de informalidad es muy alto y gran parte de los trabajadores y trabajadoras se encuentran en una situación de semiclandestinidad, a la que se está tratando de dar respuesta política afrontando procesos de regularización para residentes.