El fenómeno de la migración en Ecuador no es nuevo, pero a partir de los años 90 del pasado siglo alcanza una dimensión masiva, que supone un incremento cuantitativo y un cambio cualitativo en la composición de los grupos que migran.
Desde el punto de vista de las cifras, se calcula que dos millones y medio de ecuatorianos y ecuatorianas viven fuera de su país en la actualidad (es decir, un 20% de la población); la aportación económica de sus remesas es muy importante, llegando a alcanzar el 6% del PIB. Pero tampoco hay que desdeñar que Ecuador se ha convertido en país receptor de inmigrantes, sobre todo de ciudadanos y ciudadanas colombianas que han sido expulsados de su país como consecuencia del conflicto armado.
La naturaleza de la emigración también ha cambiado. Si originalmente tenía su origen en la Sierra pobre y afectaba a población rural, en la actualidad alcanza a todo el país, también a zonas urbanas y provincias con más nivel de desarrollo, e incluye a personas con un nivel de formación más elevado. Los jóvenes siguen siendo mayoría entre el colectivo que migra, pero también aparecen cabezas de familia y mujeres, atraídas por la oferta de puestos de trabajo en los países de destino.
Estados Unidos ha sido sustituido por España (al menos hasta el inicio de la actual recesión) como principal destino de la población emigrante.
Con la actual crisis económica, la situación de la emigración en el país puede vivir una nueva coyuntura. Las mayores dificultades de los trabajadores y trabajadoras ecuatorianos para encontrar trabajo en los países de destino y el consiguiente incremento del desempleo en el mundo desarrollado, que afecta a los inmigrantes de manera especial, hacen que se registre un descenso en la cantidad de remesas y que previsiblemente haya que poner en marcha nuevos programas de desarrollo en el país para capitalizar el retorno creando nuevas actividades económicas que reviertan en el desarrollo de cada comunidad y, por extensión, del país.
TEXTO A REVISAR POR ISCOD ECUADOR