
Los fenómenos migratorios del ser humano son casi tan antiguos como su propia existencia sobre el planeta. Pero aunque migración ha existido siempre, los flujos migratorios en la economía globalizada son un fenómeno creciente y cada vez más complejo, aún en los tiempos de recesión que coyunturalmente se viven.
La inmensa mayoría de las personas que migran no lo hacen por placer, sino por una obligación política o económica: o bien son desplazados a consecuencia de sus ideas o de conflictos bélicos, o bien buscan en otra tierra las oportunidades laborales y de progreso económico que nos les brindan sus países.
La migración del siglo XXI afecta de manera global a todos los países –ya sean origen, transito o destino de la misma- y en todos ellos tiene consecuencias económicas y sociales, positivas y negativas en todos los casos.
Por ello, las políticas migratorias se han incluido desde hace ya dos décadas en la cooperación internacional al desarrollo, y adquieren especial relevancia a partir de la fase abierta en 2000 con la aprobación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. La inmigración se asocia a las llamadas políticas de codesarrollo, basadas en el principio de la corresponsabilización de los países del Norte y del Sur: ambas partes se necesitan para desarrollarse y tienen algo que aportarse, por lo que han de trabajar conjuntamente en términos de paridad.
La propia definición de los procesos migratorios hace que los sindicatos seamos actores privilegiados y naturales del “codesarrollo”, ya que históricamente nuestro trabajo se ha dirigido a dar respuesta a los procesos económicos y sociales que se han producido en nuestras sociedades, buscando cómo mejorar la situación de los trabajadores y trabajadoras que se ven afectados por ellos.
El enfoque sindical de los procesos migratorios parte de una premisa fundamental: los trabajadores y trabajadoras tienen derecho a emigrar, pero también el derecho a no emigrar y se desarrolla en otra serie de condiciones:
- Los migrantes son vectores fundamentales para el desarrollo, tanto de su país de origen como del de acogida.
- Es necesario integrarles en la toma de decisiones sobre la gestión de flujos migratorios
- Es preciso establecer relaciones entre los países del Norte y del Sur en términos de paridad, dado que ambos reconocen y admiten la necesidad del otro para aprovechar los frutos de la migración
Los sindicalistas debemos ser conscientes de que la fortaleza de nuestras organizaciones nacionales depende cada vez más del fortalecimiento del movimiento sindical mundial. No podemos olvidar que lo que más debilita al conjunto de trabajadores y trabajadoras es la existencia de segmentos de población que no tengan garantizada su libertad de organización y el reconocimiento de sus derechos laborales, bien sea por razones legales o de persecución. Los problemas que surgen por la deslocalización de las empresas o los flujos migratorios sólo pueden ser atajados desde una cooperación en que las partes trabajen en beneficio mutuo.
Por ello, la defensa de los derechos de un trabajador o trabajadora en cualquier lugar del mundo, independientemente del lugar en el que haya nacido, es fundamental para garantizar los derechos de toda la clase trabajadora a nivel global.
